¿Existe el Amor romántico?

El “Amor Romántico” es ese ideal de amor incondicional, maravilloso y de final feliz que desde siempre hemos visto en la literatura y en el cine y que hemos interiorizado como el amor perfecto. De entre todas las emociones la más humana y la más compleja es el amor: la que más canciones y películas ha suscitado, pero, también es la que más nos cuesta comprender e interpretar. Desde una perspectiva puramente biológica algunos dirían que es una interacción entre feromonas y oxitocina, otros que no es más que un instinto que asegura la supervivencia de la especie que ha evolucionado hasta hacerse más social.

A la hora de estudiar los significados del “Amor Romántico”, hemos de partir de una premisa básica: varones y mujeres hemos sido “socializados” de forma diferente, los diferentes “agentes de socialización” (el sistema educativo, la familia, los medios de comunicación, el uso del lenguaje, la religión, etc…) han creado dos categorías diferentes para varones y mujeres, con características diferentes. Así lo masculino ha sido asociado “socialmente” con el poder, la racionalidad, el trabajo y la política. Por el contrario el imaginario social femenino hace referencia a la vida privada, la subordinación al varón, la pasividad, la dependencia y la obediencia.

Aunque todos estos prejuicios están cambiando mucho y a mucha velocidad, esta socialización diferenciadora tan desigual y cruel, afecta a múltiples aspectosAmor Romántico de la vida humana, entre ellos a las relaciones de pareja: hemos aprendido, varones y mujeres, “lo que significa enamorarse, qué sentimientos debemos tener (y cuáles no), de quién sí y de quién no debemos enamorarnos, qué o quién es atractivo y qué o quién no (lo cual suele coincidir con los patrones de rol de género tradicionales), cómo debe ser la relación entre los dos miembros de la pareja (asimétrica, igualitaria, …), etc. y, evidentemente, aprendemos también todos los mitos sobre el amor imperantes en nuestra cultura”.

Y en medio de dicha socialización, para las las mujeres, el amor es el centro de sus vidas, centro alrededor del que giran todas las demás cuestiones (como de hecho se puede comprobar en los mensajes de la literatura, del cine, de la música, “sin él la vida carece completamente de sentido”). En nuestra sociedad, el “Amor Romántico”, es la base de una institución social básica: la familia y nos ofrece unos modelos de comportamiento que, cuando falla la pasión romántica, producen frustración y desengaño.

Este “Amor Romántico” suele caracterizarse por la monogamia de la relación, por la aceptación de los celos (ya que se entienden como una muestra de amor verdadero), una actitud posesiva por parte de uno o dos de los miembros de la pareja (entendiendo al otro como una propiedad privada que se puede poseer), ser incondicional -el amor superará todo lo que pase- e incluso llegar al aislamiento (ya que el querer estar a solas con la pareja en todo momento reduce el tiempo para dedicarle a la familia o a los amigos). Otro elemento que suele vincularse es el del sacrificio: una persona que ame realmente estará dispuesta a cambiar por la otra persona, a renunciar a su esencia, a su personalidad, a todo, por satisfacer los deseos del otro. Siempre que, claro está, el otro haga lo mismo.

No podemos tampoco olvidar el falso final feliz: es ese final de película, sobre todo de película animada, que termina en boda, como si la boda fuese el punto clave que asegurase la felicidad de la pareja para siempre.

Y, además de todo esto, el amor a primera vista: esa atracción que sienten dos personas nada más verse o poco después de conocerse. Ese enamoramiento que, erróneamente, se cataloga como amor por una persona de la que apenas sabemos nada.

Como vemos, este ideal de amor romántico no contempla la necesidad de conocer al otro antes de embarcarse en una relación, porque no considera la importancia de enamorarse de una persona tal y como es, aceptándola con sus virtudes y defectos, sin pretensión de cambiarla.

El amor romántico puede resultar muy dañino, ocasionar un gran sufrimiento innecesario y hacernos pensar que “el amor es una lucha constante” cuando el amor debería ser un motivo de alegría permanente.

Pero, más allá de esta idealización deberíamos hacernos una reflexión realista sobre las relaciones y lo que podríamos llamar “amor”: ni todo es idílico y maravilloso, ni todo es abyecto y horrible. Lo más importante es esforzarse a diario para mantener una comunicación fluida con la que nos sintamos cómodos, y donde el respeto y la confianza sean los pilares básicos. De hecho, una de las grandes claves es no perder la atención a los detalles, que son diferentes en cada etapa de la vida de pareja. Hay que ser conscientes de esos cambios y lejos de rechazarlos, aceptarlos y actuar en consecuencia.

Aprender a amar es una tarea pendiente para muchas personas. Y es que, histórica y culturalmente se nos han inculcado una serie de valores distorsionados “románticos” fundamentados en un amor romántico que debe caracterizarse por grandes dosis de adicción. Sin embargo, la dependencia, subordinación y obediencia que abundan en estas relaciones, no son saludables.

En las primeras fases de las relaciones se suelen pasar de lado errores y defectos en sus diferentes formas de entender la vida compartida. Posteriormente, comienzan a definirse y aceptarse defectos, limitaciones y aparecen con más frecuencia la confrontación por diferencias de temperamento o puntos de vista en aspectos prácticos, sin llegar a la perdida de la confianza o el respeto.

Una relación de pareja necesita mucho más que cariño. Una buena relación debe fundamentarse en el respeto, la sinceridad, la empatía (ponerme en el lugar del otro) y la sensibilidad. En cambio en las relaciones que podríamos calificar de “tóxicas”, no se concibe vivir sin la persona amada; el problema es que esta afirmación suele ocultar fuertes sentimientos de miedo e incapacidad para poder hacerlo.

Claro que existe el Amor pero…

Hay que aprender a amar desde la independencia, desde la libertad: esto es, amar sin obligación, sin daño, ni miedo. Simplemente con ternura, como una decisión propia, meditada, deliberada y consciente. De hecho, ser dueño de uno mismo y amar libremente no son situaciones incompatibles; más allá, se promueve una relación saludable, donde ambas personas se enriquecen y crecen tanto a nivel personal así como pareja.

En las personas que sufren dependencia afectiva, se pueden apreciar dos tipos de comportamientos más marcados:

  • Los comportamientos celosos y controladores: personas que sufren ataques de ira y conductas obsesivas, pudiendo llegar a agredir verbal y físicamente a otras personas e incluso a ellos mismos.
  • Los comportamientos sumisos extremadamente aduladores: personas capaces de llegar más allá de sus límites para evitar el abandono.

Detrás de estos comportamientos, podemos ver alguno de estos cuatro puntos:

  1. Necesidad de sentirme protegido. Ver a mi pareja como alguien más fuerte que yo, que me protege de los males del mundo. Las consecuencias a nivel personal se traducen en un pobre autoconcepto de nosotros mismos, somos personas débiles e indefensas. Un camino que conduce directamente a la dependencia.
  2. Miedo al abandono . Temor al rechazo, a la soledad. Una necesidad imperiosa de mantener a mi pareja conmigo. Pese lo que pese. La gran mayoría de las veces, Pese a MI.
  3. Necesidad de sentirse querido. Es fundamental que comencemos a interiorizar que hasta que no aprendamos a querernos a nosotros mismos, el amor hacia otros será complicado. El orden debería ser “amarme para amar” y no “sentirme querido para valorarme”
  4. Necesidad de reconocimiento. Cuando admiro a mi pareja. Cuando la dependencia se genera al sentirme adulado porque alguien admirable haya puesto sus ojos en mi. Entonces surgen problemas de autoconcepto (que ya no depende de mí) y el apego a la admiración

En una relación saludable, deben darse dos elementos: amor y respeto. Si en tu relación no hay uno de estos dos elementos, probablemente es que estás con la persona equivocada. Quererte y cuidarte te hará libre y sólo siendo libre amarás saludablemente.

 

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Psicólogo en Sevilla

Federico Casado Reina, Psicólogo colegiado AN-07920. Especialista en Psicopatología y Salud. Tlf: 655 620 045

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