¿Son buenos los celos?

Esta es una pregunta que siempre está presente en una relación: ¿Son buenos los celos?
En nuestros primeros años de vida, los seres humanos dependemos totalmente de nuestros padres
o de aquellas personas que se encargan de nuestro cuidado. Demandamos de ellos constantemente que satisfagan nuestras necesidades de alimentación y protección. De este modo, surge en los bebés un sentimiento de apego hacia su madre, padre o cuidador principal. El temor a perder sus cuidados hace que brote en los niños, de modo natural, una emoción que se manifiesta en forma de ansiedad y es lo que llamamos celos. Así, en nuestra infancia, sentimos celos de todo aquello que pueda ‘robar’ la atención de nuestro cuidador. Por ejemplo, sentimos celos de ese nuevo hermanito que nos quita el protagonismo y que obliga a nuestra madre a dedicarnos menos tiempo. Asimismo, podemos sentir celos de nuestro padre o incluso del trabajo de nuestra madre que nos aparte de su lado por unas horas al día.

Tener celos, por tanto, es una emoción natural. Con el tiempo, esa figura de apego inicial puede ir siendo sustituida por otra en distintos ámbitos, llegando a la persona a la que amamos y que satisface nuestras necesidades afectivas como pareja. De igual modo, es natural sentir ansiedad, tristeza, miedo, enfado… si vemos que peligra nuestra relación amorosa y que ya no atraeremos la atención de la persona de la que nos apegamos sentimentalmente. Y, por tanto, sentimos perder la seguridad psicológica que nos brinda esta relación.

Los celos se convierten en patológicos cuando nos anulan como persona, cuando queremos imponer a nuestra pareja nuestros deseos, cuando¿Son buenos los celos? surge la violencia o cuando la amenaza de perder a la pareja es infundada. Si la intensidad de esta emoción es tal que no podemos controlarnos, sino que los celos nos dominan por el miedo a sentirnos reemplazados en el corazón de otra persona, entonces tenemos que analizar las causas por la que vivimos esos celos con tal fuerza con el fin de entenderlos y apaciguarlos. Tal vez existan otros miedos, inseguridades u otras circunstancias que potencian nuestros celos hasta hacerlos insufribles para nuestra pareja y para nosotros mismos.

Los celos son una emoción que surge por querer poseer en exclusiva a la persona amada. El miedo a la pérdida, real o no, planea como una amenaza. Normalmente asociamos este sentimiento a las relaciones de pareja, pero también puede darse entre hermanos, compañeros de clase…Los celos y la envidia, tienen el mismo motivo: la necesidad de poseer. Mientras que el celoso manifiesta su miedo a perder su posesión, es decir, considera que es suyo y no quiere que nadie se lo quite, el envidioso en cambio quiere lo que no tiene.

Los celos, la celotipia, cuando superan una dosis razonable, terminan por destruir la pareja. Sería la profecía autocumplida.

El celoso se siente mal cuando ve o imagina a su pareja con otras personas. Siente ansiedad y nerviosismo cuando sucede. Es frecuente la comparación constante (“soy más bajo que…”, “soy menos simpático que…”), facilitando la minusvaloración y la necesidad de demostración de afecto por parte de la otra persona. Los comentarios y los gestos del otro son analizados exhaustivamente buscando indicios. Actúa motivado por la desconfianza, se niega a salir con otras personas y se enfada si su pareja comparte su tiempo con otros. El estado de vigilancia es continuo, llevándole a espiar a su pareja la correspondencia, llamadas… con el fin de asegurar la fidelidad o encontrar pruebas que demuestren una posible aventura.

Los celosos extremos, pueden llegar a tener peticiones absolutamente exageradas que aun siendo aceptadas no calman el sentimiento de inseguridad. Limitan de tal manera la vida de la pareja que no les permiten salir de casa, hablar con los demás, arreglarse… Es más fuerte el miedo que el amor. La celotipia suele estar muy asociada a relaciones tormentosas en donde los conflictos son la forma principal de relación.

¿Cuáles son las causas de los celos obsesivos?

Las causas de los celos patológicos varían de una persona a otra, aunque en su base normalmente se encuentra una gran inseguridad, una baja autoestima y una falta de confianza en sí mismo. La persona celosa no cree que sea digna de amor, por lo que cualquier detalle, una mirada o una tardanza, es suficiente para encender la mecha de los celos.

En muchos casos esa inseguridad se puede rastrear hasta la infancia, aunque en otros casos la inseguridad puede estar provocada por una experiencia traumática o humillación vivida en una relación de pareja anterior.

No obstante, también se ha apreciado que detrás de los celos patológicos hay determinadas características de personalidad, como la necesidad de tener el control y la tendencia a exagerar la realidad. Se trata de personas que tienen una gran habilidad para magnificar irracionalmente cualquier pequeño problema. También suelen tener escasas habilidades sociales, por lo que piensan que si su pareja les abandona no podrán ser felices ni encontrar a otra persona que les ame. De hecho, los celos de pareja suelen esconder una dependencia emocional.

En la base de los celos enfermizos también se encuentran determinadas creencias erróneas, como pensar que la pareja es una posesión y, por tanto, solo puede mostrar amor hacia él/ella. En otros casos los celos esconden una preocupación obsesiva por la imagen social. La persona cree que si su pareja le engaña los demás se reirán de él/ella. Para evitar esa situación, desarrolla una actitud controladora.

Las consecuencias de los celos enfermizos

Cuando los celos son irracionales se convierten en una patología. La persona vive acechada por sus miedos, inseguridades y sospechas. La idea de que su pareja pueda engañarle o abandonarle le sume en un estado de hipervigilancia, a la búsqueda de señales que confirmen sus peores temores.

Por otra parte, llega un punto en el que ese control obsesivo resulta insoportable para la otra persona, por lo que los celos terminan dañando irremediablemente la relación de pareja. La sensación de ser observados y controlados hace que, tarde o temprano, la pareja cambie su forma de comportarse y sea menos solícita y cariñosa, alejándose primero emocionalmente y luego físicamente. La falta de confianza destruye cualquier posibilidad de diálogo y ahoga a la otra persona.

En ese punto, la angustia e infelicidad que puede experimentar la persona celosa es tan grande que le desestabiliza emocionalmente. Entonces puede cometer actos desesperados, desde la agresión física a su pareja hasta el suicidio. De hecho, muchos de los casos de violencia de género que aparecen en las noticias están motivados por unos celos patológicos.

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Psicólogo en Sevilla

Federico Casado Reina, Psicólogo colegiado AN-07920. Especialista en Psicopatología y Salud. Tlf: 655 620 045

2 Respuestas

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    Pablo Muñoz

    Genial, muy bien explicado y muy aclaratorio. Muchísimas gracias.

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