¿Por qué se acaba el deseo sexual en la pareja?

El deseo sexual es una emoción que nos prepara positivamente para experimentar la relación sexual de forma placentera. En este punto es imprescindible realizar una puntualización: no debemos caer en el error de confundir el deseo sexual con la excitación sexual. La excitación sexual es una respuesta fisiológica que implica manifestaciones físicas como la lubricación en la mujer o la erección en el hombre. En otras palabras, el deseo sexual es el impulso que nos conduce a la búsqueda del placer mientras que la excitación es una respuesta ante la estimulación.

Hay ciertos modelos erróneos acerca de la sexualidad que crean una expectativa de funcionamiento difícil de lograr. Primero, no es necesario el enamoramiento para que se despierte el deseo sexual. A su vez, a la inversa podríamos afirmar que la falta de deseo sexual no tiene por qué implicar necesariamente un desenamoramiento. De esta manera, podemos afirmar que la base del deseo sexual es el erotismo, no el amor.

La falta de deseo sexual es un bajo nivel de interés en las relaciones sexuales, en la que el afectado no responde al deseo de actividad sexual de la pareja. Podemos entender por deseo las fantasías y no tanto las prácticas sexuales.

Normalmente el deseo y la excitación sexual van de la mano pero no siempre sucede así: podemos experimentar el deseo y no la excitación o sentir la excitación sin vivenciar un deseo muy fuerte. Por ejemplo, los hombres que experimentan la disfunción eréctil suelen sentir deseo sexual pero no experimentan la excitación que les permitiría la erección.

Esta dificultad recibe distintos nombres: IDS (Inhibición del Deseo Sexual), inapetencia sexual, deseo sexual hipoactivo (DSH), falta de deseo erótico, falta de líbido, bajo deseo sexual… En definitiva, lo que la persona siente es poca apetencia por mantener contactos eróticos, y principalmente coitos, con su pareja. Así, cuando se habla de deseo sexual hipoactivo (esto es, con poca actividad), nos referimos a la falta de deseo para iniciar el coito aunque la excitación y la respuesta sexual posterior puede ser perfectamente normal.

En cuanto a los tipos de falta de deseo sexual, podemos distinguir varios tipos:

  • Primaria: afecta especialmente a mujeres que nunca en sus vidas han tenido un deseo sexual suficiente. Supone una nula capacidad para tener fantasías sexuales y escasas conductas con un fin sexual. Se da desde la adolescencia y empeora en el adulto.
  • Secundaria: aquellas personas que han disfrutado de un deseo normal pero que pierden el interés por la conducta sexual.
  • Generalizada: el afectado no puede experimentar deseo ni hacia su pareja ni hacia otras personas.
  • Situacional: no experimenta deseo sexual hacia su pareja, pero sí hacia otras personas.

La incidencia y prevalencia de los problemas de deseo son difíciles de establecer. Diferentes estudios y autores no coinciden, sobre todo por divergencias en los criterios diagnósticos, y se confunden con frecuencia los cuadros de falta de deseo y las aversiones sexuales. En lo que sí hay consenso es en que la ausencia de deseo es el problema sexual más frecuente en la mujer y que, hasta la fecha, la falta de deseo afecta más a las mujeres (con prevalencia, según autores, entre el 22% y el 51% de la población femenina) que al hombre (con prevalencia, según autores, entre el 10% y el 15% de los varones).

Las personas que tienen este problema suelen formular excusas para evitar una relación sexual con su pareja. Casi nunca se acuestan a la vez que suDeseo Sexual pareja, siempre tienen alguna excusa pendiente: recoger la cocina, un programa muy interesante en televisión, un trabajo urgente… Además, en ocasiones esa huida les supone un sentimiento de culpa, por no dar respuesta a un compromiso implícito y aumentan los nervios en la medida que se dilata el encuentro. Puede ser un trastorno de toda la vida (primario) o adquirido (secundario), generalizado (con todas la parejas) o situacional (con una pareja específica).

En el deseo sexual inhibido la falta de sentimientos eróticos lleva a ver la relación sexual como un hecho desagradable, incluso un castigo. Este problema es generalizado cuando no existe interés sexual hacia ninguna persona ni circunstancia, y situacional si no aparece interés por la pareja, pero la persona se siente estimulada ante otras personas o ante la masturbación. Algunas veces, más que un deseo inhibido, puede existir simplemente una discrepancia en los niveles de interés sexual entre los dos miembros de la pareja, que poseen niveles de interés dentro del límite normal.

Este interés anormalmente bajo por el sexo hace que el sujeto no busque la gratificación sexual aunque se encuentre disponible, y teniendo intacta la capacidad de respuesta sexual para practicar el acto sexual. La apatía no sólo tiene que ver con la carencia subjetiva de interés por realizar el coito; incluye el desinterés por toda conducta sexual, como la masturbación, la falta de pensamientos, ensoñaciones y fantasías sexuales, atención al material erótico, percepción del atractivo de las personas, en especial aquellos que pueden ser compañeros sexuales, y la falta de sensación de frustración si no se puede dar rienda suelta a la sexualidad. Todos estos aspectos deben ser evaluados para determinar la existencia del problema, no siendo un índice único ni determinante el número de veces que una persona lleva a cabo relaciones sexuales.

También las reacciones de la pareja del que sufre de falta de deseo son muy variadas. Algunas parejas interpretan el problema como un cuestionamiento de su capacidad sexual y amatoria, entendiéndolo como un rechazo personal.

Sin embargo, en la mayor parte de los casos los problemas no implican causas fisiológicas, sino causas psicológicas, como bajo nivel de autoestima, estados depresivos, pobre concepto de la propia imagen corporal, ansiedad, historia de abusos sexuales, o mala relación de pareja. También conviene destacar el papel que puede tener en el desarrollo de la falta de deseo el aburrimiento sexual. La reiteración y rutinas en conductas y hábitos sexuales pueden llevar al cansancio y aburrimiento que haga disminuir el deseo, bien de forma selectiva (si son posibles contactos fuera de la pareja), bien de forma absoluta. Este efecto tan negativo que produce el recurrir a comportamientos y hábitos estereotipados, con frecuencia es producto de una inadecuada educación sexual que estableció normas rígidas de acción, además poco correctas, para la vida sexual. Así pues, tiene gran importancia en la actividad sexual el cambio en los estímulos, y sobre todo en las conductas a realizar.

La obsesión por la procreación es otra razón que puede afectar al deseo. Las parejas que llevan tiempo intentando quedarse embarazas sin éxito planifican estrictamente los horarios de sus encuentros sexuales en función del ciclo de la mujer, eligiendo la hora y la postura más adecuada para facilitar el embarazo, sin hablar de las múltiples exploraciones físicas a las que se ve sometida la mujer que le arrebatan su intimidad.

Por supuesto, el DSI sólo debe ser considerado un problema cuando la falta de interés sexual no es una opción voluntaria, sino un foco de malestar personal o en la relación de pareja.

Por lo general, la disminución del deseo es el mayor problema afectivo que debe afrontar el género femenino a lo largo de su vida: un 47% de las mujeres de todas las edades lo consideran lo más importante, seguido de cerca por las dificultades para alcanzar el orgasmo (un 45%). Una situación que encuentra su correlato en el declive de la actividad sexual de las mismas, que se sitúa en un 87% hasta los cuarenta y cinco años, un 45% entre los 55 y los 70, y apenas un 15% entre las mayores de setenta años.

La razón que aducen las teorías evolucionistas para explicar esta divergencia es que el hombre ha de permanecer siempre sexualmente activo, puesto que está biológicamente programado para depositar su semilla en el mayor número de lugares disponibles, con el fin de garantizar la prolongación de su linaje. Por el contrario, según dicha visión, las mujeres deben perder su apetito con el fin de que se puedan centrarse en sacar adelante a sus hijos y evitar coitos que no tengan como fin la reproducción. ¿Pero se trata de algo universal? Eso parece sugerir un estudio realizado por David P. Schmitt de la Universidad de Bradley, tras entrevistar a diferentes individuos de cincuenta y dos países distintos, repartidos por los seis continentes. Schmitt llegó a la conclusión de que los hombres (y las mujeres) parecen comportarse de forma semejante en cualquier lugar del planeta en lo que respecta al sexo, por lo que no se trataría de algo exclusivamente cultural. Dicho estudio añadía que la testosterona influye en un alto grado en el deseo masculino, pero que no es la única razón para explicar esta situación.

Los estudios intentan explicar este descenso en la libido a través de un pequeño abanico de razones, íntimamente relacionadas con los cambios del organismo femenino. Por ejemplo, la percepción del declive del atractivo suele afectar mucho más a las mujeres que a los hombres, lo que aumenta la inseguridad latente en sus relaciones afectivas. Al mismo tiempo, un mayor estrés influye de forma negativa en las ganas de tener sexo del género femenino, algo que no ocurre con los hombres. Otras alteraciones del cuerpo, como es el caso del embarazo y la lactancia o la menopausia, pueden influir negativamente. Son momentos críticos que no afectan al sexo masculino.

En el terreno biológico, el pico sexual de los hombres es a los 18 años y el de las mujeres, entre los 28 y los 30. Este nivel máximo se refiere a la cantidad de testosterona en los hombres y de estrógeno en la mujer, no necesariamente al desempeño sexual. A medida que los años pasan, la libido disminuye, especialmente en el caso de las mujeres, ya que los ovarios de la mujer cesan de funcionar completamente, a diferencia del hombre, que sigue produciendo hormonas. Hay un porcentaje bastante elevado de mujeres que dicen haber perdido su deseo sexual tras la menopausia, no tanto así los hombres en su proceso de andropausia.

Diversos estudios demuestran que la falta de contacto físico y cercanía lleva no sólo a un distanciamiento físico y espacial sino también emocional de las parejas. Casi el 100% de los matrimonios que dicen tener entre poco a nada de sexo muestran a la larga un grado de insatisfacción marital mucho mayor que aquellos que tienen relaciones de una forma más o menos regular.

Dentro de los factores que propician la disminución del deseo sexual los más usuales son la baja autoestima y los sentimientos de culpa. A su vez, dentro de estas dos categorías podemos encontrar:

  • Los miedos. Los más usuales son el miedo a fallar durante la relación sexual, el temor al ridículo, a un embarazo y/o a las enfermedades de transmisión sexual. Estos miedos pueden ser conscientes pero también pueden actuar por debajo de la conciencia de la persona.
  • El estrés y la ansiedad. Los problemas de la vida cotidiana son factores que favorecen la tensión. En este punto muchas personas asumen como estilo de enfrentamiento un pensamiento rumiativo que les impide relajarse y experimentar el deseo sexual.
  • Los prejuicios y los tabúes. Las creencias sobre la suciedad del sexo y las prohibiciones relacionadas con los órganos sexuales, así como los prejuicios desarrollados culturalmente son algunas de las causas principales que inhiben el juego erótico y el deseo sexual.
  • Los problemas de comunicación. Cuando no existe una relación abierta donde se pueda hablar sobre nuestros deseos y preferencias sexuales; a la larga esto termina por minar el deseo de iniciar la relación sexual.

Desde el punto de vista psicológico las relaciones sexuales nos pueden dar seguridad porque al vernos capaces de explorar nuestra sexualidad nos aportan una imagen positiva de nosotros mismos. A su vez si hay un intercambio sexual respetuoso con la otra persona se experimenta una conexión muy fuerte que favorece la confianza en los demás, la autoestima y la sensación de estar realizados.

La conducta sexual es instintiva y espontánea, el intento de controlar las propias reacciones o de buscar placer prescindiendo del componente instintivo hace que nos coloquemos en una paradoja. Esforzarse en sentir placer con la pareja nos condena a no sentir nada. Nos bloquea, convirtiendo la relación sexual en algo carente de placer.

La mayoría de los neurocientíficos están convencidos de que la respuesta se encuentra en el cableado de nuestro cerebro. De hecho, hoy sabemos que la pasión es un sentimiento muy especial caracterizado por un incremento en los niveles de dopamina y noradrenalina y una disminución de la serotonina. Quienes sustentan esta hipótesis afirman que esta química cerebral se puede mantener solo durante 1 o 3 años. Desde esta perspectiva, nuestra relación de pareja estaría destinada a sufrir una disminución fisiológica de la pasión.

Sin embargo, tenemos por qué se pesimistas: en realidad podemos moldear el funcionamiento cerebral en base a la experiencia. Así lo demuestra un estudio realizado en la Universidad de Stony Brook, en Nueva York. Estos investigadores escanearon el cerebro de 17 personas que afirmaban sentir el mismo amor y pasión de los primeros tiempos, la única diferencia es que llevaban una relación de más de 20 años. Los resultados mostraron que cuando estas personas pensaban en sus parejas, se activaban las mismas zonas del cerebro que en aquellos que se hallaban al inicio de la relación.

Por tanto, podemos afirmar que, aunque existan periodos en los cuales la pasión disminuye, no se trata de un proceso meramente fisiológico sino que está determinado por nuestras expectativas, hábitos y comportamientos.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro Deseo Sexual?

  1. Analiza tus hábitos diarios. Es difícil cambiar cosas que no se ven a primera vista, así que es importante repasar las cosas que están en tu rutina diaria que se han convertido en hábitos y qué cosas puedes estar perdiendo o evitando.
  2. Dale cariño a tu pareja con más frecuencia. Procura acercarte físicamente más a tu pareja en la vida diaria. Estas señales sutiles pero cariñosas restablecen el contacto y preparan el camino para momentos posteriores más ardorosos.
  3. Recordad vuestras épocas más activas sexualmente. Pregúntale a tu pareja que es lo que echa de menos de vuestro pasado más romántico o si hay algo que le gustaría volver a hacer.
  4. Vuelve a seducir a tu pareja. Manda un mensaje inesperado a tu pareja diciéndole lo sexy que está hoy o dile lo mucho que la/lo admiras… A todos nos encanta que nos seduzcan y no debemos nunca de “relajarnos” en una relación.
  5. Sé curioso y creativo. Nunca está de más añadir algo diferente a las relaciones sexuales. El simple hecho de introducir elementos nuevos en la relación supone un aliciente por la novedad. La fantasía es una gran aliada del deseo.

Para finalizar, indicar que la industria farmacéutica parece estar cerca de cumplir uno de sus mayores sueños: la creación de una pastilla que consiga que la libido de las mujeres esté siempre en forma y que acabe con el deseo sexual hipoactivo (DSH). Si los experimentos van por buen camino, y eso parece según dicen los expertos, la llamada “viagra femenina” estará muy pronto en el mercado y muchos ya pronostican que las consecuencias de este fármaco en la vida sexual de las mujeres y de sus parejas estarían a la altura de las que acarreó la invención de la píldora anticonceptiva en 1960.

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Psicólogo en Sevilla

Federico Casado Reina, Psicólogo colegiado AN-07920. Especialista en Psicopatología y Salud. Tlf: 655 620 045

2 Respuestas

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    Pepe Fuertes

    Me ha parecido muy interesante, mucho. Es un análisis de la casuística de tantas dificultades sexuales como padecen muchas parejas, más de las que cabría imaginar. Muchas dificultades que se convertirían en facilidades gracias a ser mutuamente sinceros y cómplices.

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      Federico Casado Reina

      Muchas gracias por tu comentario Pepe. Estoy de acuerdo contigo en que la comunicación es fundamental en una pareja, así como la confianza. De hecho, son los grandes pilares de cualquier relación.

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